GÜIRI GÜIRI

LOS CAMIONES
 (Un cuento de vecindario)
Rolando Costa

-¿Qué es ese ruido?
-¿Estás oyéndolo, niño? Ese ruido proviene del camión recogedor de niños. ¿Nunca te habíamos contado acerca de él?
-No, nunca.
-Pues ese camión recoge a los niños que a esta hora de la noche no estén durmiendo. Allí está en la esquina, recogiendo niños; ya pasará por aquí.
-¿¡Por qué!?
-Es la orden. Ellos usan un detector de niños sin sueño, y al nomás detectarlos, entran en las casas y se los llevan.
-¿Y cómo lo hacen?
-La puerta de la casa la abre fácilmente un aparatito, que a todos pone a dormir, y los hombres se llevan a los niños que encuentren despiertos. A éstos no los duerme el   aparatito, sino en el momento mismo de subirlos al camión. Se los llevan, para arrojarlos a todos juntos en una zanja enorme y profunda. Cuando los padres despiertan no se acuerdan de nada de los niños, ni siquiera de sus nombres, y lo mismo sucede con los niños: no se acuerdan de sus padres, ni siquiera de sus nombres. Y así, todos los camiones recolectores se juntan al borde la zanja; los hombres asoman al borde y con unas mangueras tiran humo a chorros, hasta que los gritos y el llanto de los niños dejen de escucharse. Entonces se retiran.
-¿Y qué pasas con los niños? ¿Así los duermen?
-Llegan otros camiones, al tiempo, que para los niños es   muchísimo tiempo; pero llegan. Estos camiones son diferentes. Los hombres y las mujeres que bajan de ellos van cargados con bolsas de confeti y serpentinas, cajas que tienen música alegre y guitarritas y marimbitas, dulces, sorbeteras, y bebidas de todos los sabores en sendas botellitas de pan; papeles, colorantes, y no sé cuántas cosas más que la gente nos cuenta.
-¿Y entonces?
-El llanto se vuelve risa, los gritos canciones, todo se vuelve alegría, los hombres y mujeres se sientan al borde de la zanja y se divierten escuchando cuanto lo que los niños hagan, puesto que no alcanzan a verlos. ¡Qué gritería de gozo! Luego, cuando los bostezos se acercan a los hombres y a las mujeres, como palomitas y tortolitas, los hombres y las mujeres se retiran bostezando, aunque hayan bebido café de unos termos en forma de caracol, que es lo que elimina del café su quitasueño.
-¿Y qué pasa entonces?
-Los niños no pueden salir. Ya están cansados. Y tampoco pueden dormirse. Acuérdate que son niños que no duermen…Se hace un silencio oscuro y frío. Los niños tiritan… El tiempo que pasa para ellos es muchísimo. Pero, al rato, llegan otros camiones. Lo mismo, hombres y mujeres bajan de ellos con tiras largas y anchas de color blanco, muy suaves, y envolventes, como nubes, y sábanas, y almohadas, todas blancas, mullidas, como con patitas de gatos tiernos y conejitos blancos, y lo tiran a los niños, y al ir cayendo despliegan música muy suave y cariñosa, y, entonces, los niños comienzan a sonreír y a dormirse encapullados, y el silencio se vuelve cálido, un silencio de sueños alegres, con plumitas de colores, alitas de polluelo que se recogen, que también se van durmiendo. Entonces, otros hombres, que llegan en otros camiones, recogen a los niños que salen flotando, como nubecitas. Y cuando los niños despiertan, están de nuevo en sus casas, en sus camitas, en donde estaban antes de que se los llevaran; y, porque estos otros camiones llegaron a la zanja, los recogieron de allí y los devolvieron a sus casas, nunca más vuelven a estar sin dormir o a dormir lejos de sus padres, que no se han dado cuenta de nada…Pero los niños sí lo recuerdan.
Esto es lo que soñaba que te decía que estaba soñando… ¿Qué dices de esto?
-Ya se durmió el niño. ¿Pusiste a dormir al perico?

Balbuceos