GÜIRI GÜIRI

LA CABAÑA
Rolando Costa

Nadie ha entrado en ella. Los ocupantes la abandonaron un mal día, pues no sabían hacia donde se encaminaban; sencillamente salieron de ella dirigidos por un presentimiento mejor que el que surgía de solo imaginar que pasarían un día más en esa cabaña.
La dejaron con tristeza, pues en esa cabaña quedaba el gran esfuerzo y sacrificio y esperanza con que la levantaron.
En realidad, no se trataba de la cabaña, sino más bien de la tierra sobre la cual levantaron la cabaña.
Y no tanto de la tierra, como de los árboles que abandonaban, y los montecillos que dejaban, y el arado, y los terrones, y el pozo perforado muy hondo, y los panales de las abejas, la caña roja, y los bueyes que tuvieron que vender, la flaca yunta; todo eso, conservando tan solo la perrita “cargada” tras de ellos. Si, la sombra de los mangos, las mieles de los caraos, la cosecha jugosa de los marañones, y los capulines, las moras, el chipilín…Todo aquello que se envolvía en ese nombre, La Cabaña, era cuanto les dolía dejar; pero lo dejaron.
Nadie pasa a ocupar La Cabaña; de solo entrar en ella, porque lo han intentado, aprieta un gran nudo de llanto insoportable que ahoga, que asesina, y se huye del lugar. Vivir en La Cabaña resulta como ponerse encima como vestimenta la vida de los que se marcharon de ella, en el momento en que se marchaban.
A La Cabaña ahora le llaman El Paraje de La Tristeza.

Balbuceos

la Cabana Costa