Salarrué - Escritos

EL VISITANTE SILENCIOSO

Salarrué

(Tomado de El Libro Desnudo)

Hay siempre el día de la acción buena, aun en el hombre malo hasta la monstruosidad. Hay el día de la visita maravillosa. El Visitante Misterioso penetra un instante en el corazón  de todos los hombres. El criminal, se arranca alguna vez de sus labios la fruta y la da a un niño. Su rostro tímido sufre la vergüenza de la buena acción y se vuelve a otra parte fingiendo que no ha hecho nada.

Hay un día en el cual el cobarde se arroja al mar para salvar a alguien; hay un día en el cual el goloso entrega su cena al vagabundo; hay un día en el cual el blasfemo cae de rodillas; un día en el cual el avaro desliza sus monedas en la mano tendida; el iracundo regala sonrisas; el libidinoso enciende incienso y el ladrón entrega un hallazgo valioso.

Y es como si en la sombra húmeda y pestilente surgiera una luciérnaga, irradiando su luz de amor.

El Visitante Silencioso se aproxima sonriente en su cuerpo sutil y entrando un instante murmura dulcemente: “¡Paz a esta casa!”  Y en la nube oscura de las almas aparece la proverbial orla de plata del amor ineluctable.