Salarrué - Escritos

EL MÉDICO DEL PUEBLO

Por Salarrué

El médico del pueblo es un personaje tan legendario como la Ciguanaba y el Justo Juez de la Noche. Quienquiera que diga en El Salvador: «El Médico del Pueblo», dirá una cosa increíble aunque a primera oída suena natural. No hay médico en el pueblo.

Parece lógico que un pueblo sin médico sea un pueblo sano, por cualquiera de las dos razones: ya que por sano no tenga necesidad del médico, ya que por no tener médico goce del  gran privilegio de la salud.

Pero es el caso, que nuestros pueblos son por lo general muy enfermizos, el pueblo nuestro, nuestra aldea, puede perfectamente representarse con una vieja seca con la cabeza envuelta en trapos.

La ña Cande, panadera del pueblo, me decía amasando un poco de cólera con la levadura:

—Mire, lo que pasa, es que nuai médico que quiera conformarse a ganar pichichuelas, porque no son hombres de Dios, bían de hacer médicos de segunda y de tercera para los pueblos o rempujarnos aquí a los más usados.

Claro está, que sin una «mano» del Estado o de cualquier sociedad de beneficencia, los médicos, por lo menos los que hacemos en nuestra casa, no irían nunca a los pueblos, porque jamás se ha entendido aquí la medicina como un apostolado sino como una de tantas profesiones para la lucha por la vida, pero por la vida propia.

El médico del pueblo y el médico cural, es una de las necesidades más imperiosas del país

Es dolorosa ver la enorme cantidad de enfermos que mueren en los pueblos, valles y fincas, por falta de asistencia oportuna del médico: Los que mata la herida infestada, el golpe descuidado, el paludismo atacado con emplastos de kakevaca o de hojas de jiote con agua bendita, las picadas de culebra, los males de ojo, y sobre todo las parteras llenas de supersticiones, que son inocentes asesinas de niños y madres abandonadas en sus manos por insuficiencia en los sistemas de beneficencia y caridad.

Pensemos en el enorme beneficio que traería el establecimiento de clínicas ambulantes. La simple preparación de dos coches de tren para el servicio, viajando por etapas desde Ahuachapán hasta Cutuco, haría un bien incalculable. Se haría anunciar por el medio más práctico la llegada de dicha ambulancia a los distintos puntos de parada, para que los enfermos acudieran oportunamente, sin prejuicio de establecer pequeñas clínicas en auto o en mula para asistir en los pueblos y campos a los enfermos imposibilitados para levantarse.

Y, por qué no crear El Médico del Pueblo? El personaje principal del pueblo debe ser médico, luego viene el maestro de escuela, porque primero es la salud y después la letra. El Alcalde… bueno, el Alcalde es el Alcalde y el Cura no siempre es padre del pueblo; aunque se le llame con el nombre (generalmente es hijo), y sobre todo, el Cura no cura.

Mucha gente nos mata el alcohol, pero más nos mata eso, el no tener médico para dárselo a un pueblo que está enfermo y que lo pide, que lo necesita y que lo busca hasta en las monedas de cruz.