Salarrué - Escritos

PERSONALIDAD

Contestando una Pregunta
Salarrué

Soy hombre poco escrupuloso aunque algunos queriéndome hacer favor, digan de mí que soy buena gente. Hay algo, no soy modesto. Si fuese modesto estaría por ahí en un rincón cualquiera de la ciudad, saludando a los transeúntes de manera cortés, yendo a misa los domingos, murmurando las cosas en las ventanas y no gritando envalentonado con la camisa de fuera en este escarpado lugar. Soy también muchacho malcriado, irrespetuoso y me complazco a veces en andar tanteando la paciencia de los vecinos como aquel famoso Kolia de Dostoiewsky que armaba camorra por armarla. Tengo grandes defectos pero también tengo grandes cualidades y sobre todo, poseo una muy rara virtud, la virtud de la flexibilidad humana, no la que acaba de pasarle a usted por la mente sino esa que mata la personalidad y presta la indiferencia para con los hombres y los galardones.

Los artistas son seres internacionales, ¡quién lo duda!, pero entre ellos hay algunos, tan internacionales, que ya ni personalidad tienen. Esta clase de artistas son los poetas, no los que hacen versos sino los que aman intensamente la vida, que son los verdaderos entre ellos me cuento, gracias a Dios…

Un admirador lejano me escribe y me dice que yo tengo una gran personalidad. Yo me quedo asombrado pensado qué querrá decir eso, y cuando lo comprendo tiemblo horrorizado de que pudiera ser verdad. ¿Yo, una gran personalidad? ¿Yo que ya caso me libré de ella?… Quiso él halagarme y yo se lo agradezco, pero si él hubiera sabido lo que yo pienso al respecto no me lo habría dicho. Lo sé de una vecina que me ve pasar todos los días por el camino. Lo alcancé a oír una vez: «tiene un carácter indefinido; es callado y apartado, no se sabe nunca quien es, No me gusta la gente escondida». Con ello quiso decir que no tenía personalidad Personalidad tienen algunos actores de cine como Douglas, como Bancroft, como Chevalier. Personalidad tienen aquellos que son ellos, que están desligados de los otros. Un poeta no está desligado, al contrario, a fuerza de diluirse en los otros seres y cosas, llega a perder su personalidad.

Yo soy feliz con el bañista que descansa a al sombra, en la orilla del río; con la muchacha convaleciente que vive en la casa pobre, a orillas del pueblo, por donde pasa desierta la línea férrea; con el jardinero que riega en la frescura de la mañana los plantíos frescos; con el viejo que fuma acodado en la mesa mugrienta después del frugal almuerzo. Soy desgraciado con el tísico que atisba el amanecer por los vidrios de la ventana; con el ladrón encarcelado en al fétida celda: con la ramera gomosa que está sentada en el quicio de la puerta. En fin, yo soy la guitarra empeñada, el libro descuadernado, la nube viajera, la estrella altísima, el zapato abandonado, la mula con hambre, el chal raído, la taza rota, la aurora resplandeciente y el infinito azul. Yo soy en verdad todo eso. Todo eso vive en mí. ¿Cómo voy a tener personalidad? ¿Cómo no voy a poner cara de espantajo cuando unos ojos se fijan en mí para leer en los míos un nombre?…