Salarrué - Escritos

JUVENECER
Breves Conclusiones sobre La Pintura

SUPONGAMOS, —nada más—, que hay tres clases de pintura:

1a. —La pintura realista, objetiva, que copia la naturaleza.
2a. —La pintura emocional, sensual, expresiva.
3a. —La pintura meditativa, filosófica, simbólica.

Estas tres clases de pintura, a mi modo de ver, son en realidad tres aspectos de la pintura única, y para mi una obra de arte, una verdadera creación pictórica no está completa mientras estos tres aspectos, perfectamente entre lazados, amalgamados, mejor dicho, no se encuentren en ella.

Como el hombre trino y uno, es cuerpo, alma y espíritu, o sea: materia física, sentimientos —emociones y pensamientos, así, la obra de arte deberá —para ser completa— contener en sí: el aspecto estático, formal, de la naturaleza, la dinámica del sentimiento emotivo que anima las formas y la extática (si se dice así) del pensamiento, que descubre y enseña.

Nada mejor para el aprendizaje de la pintura, digo yo, como la práctica copista de las cosas de la naturaleza. El modelo debe existir únicamente en la enseñanza y no en la creación. Es deleitante, sin duda alguna, esta práctica de reproducir todas las formas y conseguir todos los matices que el ojo percibe bajo la luz del cielo. Peor este plano no es sino la antesala de la pintura de creación. Para llegar a realizar de manera trascendental la obra pictórica, hay que subir hasta el plano superior del simbolismo (no entendido como escuela, sino en puridad de significado) y abarcar así el conjunto todo de la vida creadora.

No es obra de arte la copia servil de la naturaleza. A eso le llamo yo: prácticas elementales. No sacia nuestra sed la obra emotiva temperamental del segundo plano (que es el 2o. grado del aprendizaje); esta clase de pintura, la más abundante por cierto, adormece el alma en sensuales espasmos, crea los paraísos oculares a lo Gauguin, pero de ella no podemos obtener el tremor de sabiduría, o por lo menos el agua de filosofía que caracteriza toda obra de arte superior.

No quiere decir todo esto, que esté yo en contra de la pintura emotiva; por lo contrario, demasiado apegado a ella me encuentro, pero reconozco y anhelo una pintura que a más de embellecer el alma, embellezca el espíritu, ya que una emoción sin sugerencia es como un pájaro enjaulado, de dulce voz, pero de entumecidas alas.