Salarrué - Periodismo

La diversión de la enseñanza
Salarrué

Hace algunos días se publicó en las columnas de un diario, una entrevista que dos maestros de primaria tuvieron conmigo. Algunos de los pensamientos que yo externé entonces han producido alguna sorpresa entre maestros amigos míos que, como un favor hacia mí, han querido suponer que yo “dije todas aquellas cosas en son de broma”.

En realidad lo que más ha chocado a los maestros es mi opinión de que debería clausurarse el servicio de instrucción pública primaria y sustituirse por escuelas de enseñanza de la diversión. No podría decir si estas opiniones mías fueron lanzadas en serio o en broma. Cuando se habla de nuestros sistemas de enseñanza, no se puede dejar de hablar tanto en broma como en serio; cuando se contempla el espectáculo de la educación, no sabe uno si echarse a reír o a llorar. El caso es que, haya sido en serio o en broma que yo dije esas cosas, la verdad es que las creo tal como las dije y voy en esta preciosa oportunidad a reafirmarlas tan seriamente que acaso toque los límites de la hilaridad. En broma se dicen quizá las mejores cosas, las más fecundas, y en serio las mas insulsas e híbridas, por eso creo conveniente, cuando lo que se dice le duele a uno en el alma, decirlo tan dolorosamente que resulta cómico, así ganara prestigio y fecundidad. “La verdad”, ha dicho un filósofo, “es un peligro para la sociedad” y es por eso que conviene manejar las verdaderas con un poco de humorismo, que les sirva de lubricante y lo mantenga a uno a cubierto de posibles agresiones.

La idea central de mis opiniones en la mencionada entrevista era la que con justicia sirvió de mote a los entrevistadores “La enseñanza de la diversión”. Esta idea voy a corregirla con otra más cercana a mi verdadera visión del asunto de que se trata. En vez de ser “La enseñanza de la Diversión” será “La diversión de la enanas”, que con mayor justicia expresa el movimiento nuevo de la Escuela Primaria.

Esta fórmula nueva no sólo corrige la mía anterior, sino la idea ya bastante corriente en todo el mundo, de que hay que llevar el teatro a la escuela pues yo creo lo contrario: que hay que llevar la escuela al teatro, que hay que convertir la escuela en un teatro sustituyendo la cátedra con el tinglado y al maestro con el actor.

Pero déjenme ustedes coger un poco de juelgo, -como se dice vulgarmente-, antes de abordar este estupendo asunto.

No todos han estado en desacuerdo con mi modo de ver en materia de enseñanza. Un amigo muy inteligente, cuyo nombre me reservo porque no estoy autorizado a publicarlo, me decía por escrito estas terribles verdades: “Todos llevamos por dentro un niño asesinado. El que ha matado el individuo para convertirse en hombre, por eso cuando nos mira un chiquillo bajamos los ojos, avergonzados”. Pero la complicidad de la escuela en este asesinato, es evidente.”Hasta hace poco el pedagogo sometía al niño a la tortura de los temas forjados por inteligencias ya formadas. Dumas preguntaba: ¿Por qué hay tantos niños inteligentes y tantos hombres idiotas? No parece sino que para contener el desarrollo progresivo mental en el muchacho y atacar las fuerzas espirituales que contribuyen a la formación del carácter, se han empleado en nuestro país maravillosos métodos de enseñanza, que agotan en flor el talento naciente en las criaturas. Para conseguir se han ensayado diversos planes y multitud de textos. Si con un plan de enseñanza no se alcanzaba la perfecta mediocridad en el alumno, se buscaba otro. Si a pesar del poder anulador de un texto, los jóvenes estudiantes seguían dando muestras de inteligencia y de originalidad, se estudiaba el medio de impedir esos brotes nefastos, implantando otro texto más dañino. Hasta que el muchacho iba perdiendo poco a poco su peculiar viveza y espontaneidad. Se había mistificado la naturaleza del niño convirtiéndolo en un alumno”.

Y en eso estriba todo el mal; el alumno es un ser de uniforme y hay que evitar a toda costa que se alumnice, tanto como que el hombre de corazón se maestrice ante sus alumnos. Y es más importante el estudio del maestro que el estudio de toso los sistemas pedagógicos encaminados hacia el conocimiento del niño (el niño es impenetrable), con sus psicologías y sus sociologías.

“La diversión de la enseñanza” precisa actores que hagan al mismo tiempo de maestros y de textos. Se trata de despistar a los niños, de ponerles un cebo para que aprendan. Queda abolida la lucha terca entre querer enseñar y el no querer aprender. La enseñanza se ha convertido en una diversión y ningún niño se resiste a divertirse, porque instintivamente comprende que ningún daño ocasiona a su niñez la diversión y produce en cambio mucho gusto.

Cuando el muchacho pase de la escuela de diversión a las escuelas superiores, a través de una preparatoria adecuada, llevará consigo el niño dentro del hombre, y esto es lo que importa más que todo.

Lo que yo quisiera con toda mi alma hacer entender a cuantos se ocupen aquí de pedagogía, es que no se puede educar niños en prisiones. Que una escuela de niños debe estar tejida en lo moral y espiritual con materiales sutiles, alegres y perfumados y que para esa entidad no se debe buscar una casa fea que lo mismo sirva para alojar inquilinos o poner tiendas. Como no podemos construir palacios maravillosos, lo mejor sería prescindir de todo techo y hacer las escuelas entre los árboles.

Pero lo mejor de lo mejor, la idea de la excelencia, la gran pensada de hoy, el objeto principal de mi conferencia consiste en la creación del CIRCO ESCUELA.

Sí, estimados maestros y discípulos, El CIRCULO ESCUELA habrá de ser en un cercano futuro una hermosa realidad. El cine y el circo serán los medios más eficaces para encaminar a los niños hacia el estudio de las ciencias. El maestro ocupará entonces el puesto que en el picadero de los circos ocupa hoy aquel señor vestido de levita y de chistera, con grandes bigotes y un fuste en la mano. Este interesantísimo personaje interpretará para los niños los juegos y las películas educativas. El payaso alcanzará entonces mayor importancia de la que hasta hoy tiene: será un libro de carne y hueso. Los textos estarán representados por los distintos números del programa, escritos o imaginados por maestros artistas. Los textos estarán representados por los distintos números del programa, escritos o imaginados por maestros artistas. Los autores de teatro los creadores de novedades en materia de espectáculos, trabajarán para la escuela y los actores parlantes o acrobáticos, trágicos y cómicos desempeñarán la doble misión de divertir y enseñar. Se dará el caso de caballos, elefantes y perros que enseñen a leer a los niños y las lunetas del circo adoptarán la forma de pupitres, los espectadores tomarán entonces una buena parte en el desarrollo del espectáculo colaborando alegremente a darle mayor esplendor.

¿Qué niño va a resistirse entonces a ir a la escuela? La carpa milagrosa estará constantemente en su imaginación y no habrá para el momento más feliz que aquel en que el payaso le escoja para saltar al redondel y hacer alguna maniobra instructiva.

En todos los pueblos del país veríamos desde lejos la linda carpa del circo escolar, alzada como una campana de alabastro allí donde el pueblo termina y empiezan los árboles. Por las noches ¿Quién nos dice que la escuela no se dedique a entretener a los adultos –como cualquier circo de la actualidad- con el objeto de que la escuela se sostenga sin mayor intervención del Estado? El pueblo tendría además un local adecuado para asambleas de toda clase (menos políticas, desde luego), para recibir conferencias y para celebrar fiestas.

Si, señores maestros; sí, pobrecitos alumnos que me escucháis: El Circo Escuela es la escuela que El Salvador necesita, y no otra. Y aquí traigo a cuenta un justísimo concepto de don José Ortega y Gasset expresado en reciente conferencia sobre asuntos políticos de Europa. Dice él que algunos pueblos se dedicaron a copiar instituciones de la revolución que con histórica espontaneidad había nacido en Inglaterra y Francia, incurriendo en una grave falta que fatalmente se ha de pagar tarde o temprano, porque el tiempo no perdona estas cosas. Hay responsabilidades siempre que el hombre se sustrae al esfuerzo de inventar su propio quehacer, y quien les copia al otro no hace más que aniquilar su vida y desviarla. En ese sentido diría yo que estamos imitando en marcada cobardía para el ensayo de nuevas formas de vida y debemos luchar para destruirla.

El Circo Escuela ES UNA POSIBILIDAD: todo consiste en encontrar hombres valientes que se pongan a trabajar en él. Cuando en El Salvador sea una realidad el Circo Escuela, fuera de aquí se dirá de nosotros que andamos muy avanzados en materia de educación primaria y hasta es posibles que nos imiten.