Salarrué - Escritos

Aislamiento

De Salarrué

Entre las cosas que debemos aprender y enseñar está la de saber encontrar la hora propia. En las instituciones educativas de beneficencia tales como escuelas, colegios, hospitales, asilos y otros locales para la vida en promiscuidad la hora del aislamiento se hace indispensable. El momento de soledad, el momento de recogimiento, de la visita de uno mismo, el momento del propio templo es una de las necesidades primordiales. Un niño o un hombre sólo puede vivir interiormente, cuando logra esta tregua en cada día, la hora de su soledad, la hora ante Dios.

No queremos decir con ello que todo individuo está obligado o tiene necesidad de un momento para las oraciones, pero sí para las reflexiones. Es posible que ambas cosas sean lo mismo. Hay en la rueda del día dos momentos de desconexión indispensable, dos polos de soledad: el momento de la culminación espiritual (de la oración), y el momento del descanso máximo, a que no queremos aludir. En ambos casos el hombre quiere y debe estar solo.

En casi todos los colegios (quizás en todos) de nuestro país, los dormitorlos de los alumnos internos son habitacionales grandes con muchas camas y durante la noche, como en el día, los alumnos tienen que permanecer vi-a-vis. En los hospitales pasa una cosa igual.

Siempre resulta un poco doloroso para una persona pobre el ir a Sala de Caridad y es por la única razón de que allí no podrá estar aislada. Siempre tendrá que soportar la mirada de treinta o más enfermos compañeros de sala.

Si se pensara en la enorme influencia psicológica a que se ve sujeta una persona en estas condiciones, se tendría piedad de ella. Los ojos que nos contemplan, ojos de enfermos —nos pueden decir en silencio si estamos muy mal, si vamos a morir; nos sugestionan con facilidad y sobre todo nos cansan, nos afligen. Debe fatigar el saber que muchos ojos están fijos en uno. Y qué decir del efecto producido en el ánimo de uno al ver morir al compañero de sala aunque se le cubra con un biombo? En resumen, tener una habitación propia es lograr la mitad de la salud y de la libertad. En el colegio, en el hospital o en el asilo, dar una habitación —o cuando menos un rincón aislado— al individuo, es haber repartido confianza, descanso y alegría.

Llevar a cabo el aislamiento de los alumnos en los colegios y de los enfermos en los hospitales parécenos de muy poco costo. En algunos hospitales de Inglaterra, cuando hay varias camas en un salón se aislan estas por un sistema de cortinas corredizas de lienzo fuerte. Entre cada dos camas hay un pilarcito de hierro; todos estos pilares están unidos por una cañería delgada, de bronce o hierro y entre cada dos camas un caño igual une el pilar con la pared. Sobre esta cañería y por medio de un sistema de argollas corren las cortinas, de modo que puede aislarse un lecho de otro por un encortinado de dos metros de alto, poco más o menos. Esta cañería puede fácilmente ser sustituida con alambre o madera para menos costo, y puede que al sistema de cortinas sea preferible (para los laterales) uno de canceles de madera o de metal.